Turismo Rural y Comunitario en Costa Rica: una alternativa para emprendedores y viajeros auténticos

Utilizando sus siglas, el TRC es aquella actividad turística en donde la vida comunal es el principal elemento impulsador de los deseos de viaje. Tal como su nombre lo indica, este tipo de turismo es desarrollado en un contexto rural, y a diferencia de lo que se practica en Europa con el mismo nombre, en Costa Rica casi siempre se le vincula a las áreas protegidas y se gestiona mayoritariamente por organizaciones de base comunitaria, que permite que los ingresos que se generan sean reinvertidos en la comunidad de manera equitativa. Es una actividad de bajo impacto y al momento se puede decir que ha sido la razón para creer que entre turismo, desarrollo y conservación puede haber un equilibrio.

Se trata de organizaciones legalmente constituidas, tales como asociaciones de desarrollo, productores agrícolas, vecinos organizados, conservacionistas, mujeres, jóvenes, artesanos, indígenas y otros grupos étnicos minoritarios, pescadores y cooperativas, que han aprovechado sus recursos naturales adyacentes, su inigualable riqueza cultural y un nivel de organización superior, para ofrecerle al visitante toda una experiencia turística. Se valen mucho de los encadenamientos productivos locales, y por eso son comunes los casos en que una comunidad receptora le ofrece al turista el hospedaje en la posada de la asociación, un tour de caballos con otra familia socia, un paseo por el bosque con otro guía local, o alguna demostración cultural con otra familia o miembro de la asociación, entre éstas podemos mencionar: noches musicales, visitas a trapiches, mascaradas, paseos en carreta, preparación de queso, paseos entre cafetales, preparación participativa de platillos autóctonos, actividades de pesca artesanal y/o demostraciones de la cultura indígena.

Con el Turismo Rural y Comunitario, el visitante tiene una participación dinámica en todas las actividades que experimente. No se trata de agentes pasivos a quienes se les atiende y punto. De lo que se trata es que el visitante ingrese durante su estadía en el círculo comunitario, en una relación social planificada, a la cual se le ha permitido entrar por su condición de turista interesado en las costumbres locales y por haber demostrado que respeta la cultura propia. Un ejemplo claro al respecto, es cuando se comparte la recolección y preparación de los alimentos que el mismo turista degustará más tarde en la unión familiar de sus anfitriones.

El hospedaje aunque rústico, no carece de la comodidad que se merece todo turista. En la gran mayoría de los casos, son posadas de madera, con su baño privado y equipadas con colchones básicos, sabanas, almohadas, mosquiteros, jabones y toallas de baño. También existe el hospedaje en casas de familia para aquellos que quieren vivir más de cerca su interacción con los locales.

La alimentación se procura en la medida de lo posible, que sea un reflejo tanto de la gastronomía local, como de los vegetales y productos cosechados en la comunidad, porque esto demuestra que existen los encadenamientos productivos y que realmente toda la comunidad se está beneficiando de la actividad turística. 

Su historia

El origen del Turismo Rural Comunitario, es para nosotros una mezcla de necesidad con creatividad. Nuevamente (porque antes lo fue con el Ecoturismo), los costarricenses volvimos a demostrar, cómo con ingenio se puede salir adelante en un ambiente de limitaciones económicas y carencia de políticas públicas, asumiendo también las nuevas demandas del mercado turístico, ahora más interesadas en el factor social y cultural de los destinos.

Fue el Ecoturismo el que le permitió al país posicionarse a nivel mundial como uno de los mejores sitios para aquellos que buscaban disfrutar de la naturaleza y aventurarse por ríos y montañas, sin comodidades, y apegados a una forma de vida más preocupada por el ambiente. Este paso fue posible gracias a los importantes esfuerzos, iniciados más de medio siglo atrás, en materia de conservación e impulsados por la ciudadanía, los investigadores, científicos y el estado. Actualmente una cuarta parte del territorio nacional es perteneciente a alguna categoría de área protegida.

Sin embargo, parte de las repercusiones que la conservación trajo, además de la valiosa riqueza natural que hoy resguarda nuestro Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), se reflejó y vivió en las comunidades aledañas a estas áreas protegidas. Para alcanzar los resultados que nos dieron fama y fortuna a nivel internacional, se tuvo que legislar prohibiendo cazar, extraer, destruir y alterar en estos territorios; de pronto, quienes obtenían su sustento de estas tierras, por ley no pudieron hacerlo más, lo cual como es de esperar, desbalanceó sus pequeñas economías familiares. Mientras el Ecoturismo crecía a pasos agigantados atrayendo a más y a más visitantes e inversionistas con las imágenes de los bosques siempre-verdes besando las olas, las impresionantes cataratas y coloridos tucanes, las poblaciones locales se iban rezagando. Es así como por ejemplo: “regiones con grandes inversiones en turismo como Guanacaste Norte o el Caribe Sur siguen presentando los más bajos índices socioeconómicos.” (GUEREÑA, Arantxa y CALDERÓN, Gabriela: 2005; 15).

En este sentido, las anteriores autoras explican muy bien la situación que dio pie al nacimiento del TRC:

“La débil capacidad del Estado para garantizar la integridad de los ecosistemas protegidos, unido a la necesidad de generar alternativas productivas en las áreas de amortiguamiento, hacen que la opción de un turismo sostenible gestionado por las propias poblaciones vecinas se convierta en una posible solución al eterno conflicto entre conservación y desarrollo.” (Op. cit. Pág. 20).

En resumen, se tuvo como resultado de que con poca inversión (donaciones en la mayoría de los casos), pero con sobrada creatividad, las comunidades rurales costarricenses se organizaron y empezaron a tejer los más diversos productos turísticos de este tipo, para ofrecerlos a aquellos visitantes que compartían añoranza de campo, deseos de experiencias auténticas, necesidades de reencuentro con el pasado y enormes ganas de aprender de la sabiduría indígena, campesina y afrocaribeña de este país. Estas motivaciones continúan hoy día y cada vez son más las personas que nos visitan por estas mismas inquietudes.

Aunque actualmente somos un modelo a seguir para el resto de los países de la región latinoamericana y también de otros lugares del mundo, no dejamos de ser conscientes de que también somos los principales guardianes de que el TRC mantenga la esencia de su origen.

Elena Arias.